Nonkonton pök enta'na toino

La vieja que sólo quería pescados grandes

  1. Bajando por el río Mapaurí, a la derecha se encuentra un cerro llamado Aramaruk.
  2. A la falda de este cerro vivía hace tiempo una vieja, que siempre le reclamaba a su yerno pescados grandes. “Yo quiero comer pescados grandes”, era su dicho de todos los días.
  3. Su yerno procuraba ir hasta el río Kukenán y allí pescaba los pescados mayores que en él se encuentran: wadomarí, arunmá, ereké, karoi y demás.
  4. Él los traía, se los entregaba a su mujer y ésta, a su vez, se los entregaba a su madre echándolos en un wopá.
  5. Pero la vieja los despreciaba diciendo: “¡Qué miseria de pescados, qué pequeños son! Yo que estaba con ganas de comer pescados grandes”. Y diciendo esto, los lanzaba por allá.
  6. Por este motivo su yerno se afligía. Y “¿cómo me arreglaría yo para pescar pescados grandes?”, decía pensando para sí.
  7. Y estando con estos pensamientos y preocupaciones, un día soñó que Amán, el padre de los pescados, le hablaba diciendo: “Si quieres agarrar un pescado bien grande, tienes que ponerle cebo rojo a tu anzuelo”. Así oyó él que le dijo en sueños.
  8. Y cuando se despertó, dijo el indígena pensando para sí: “¿Qué será ese cebo rojo? ¿La fruta del korumé o la langosta panasakawa?.
  9. Entonces fue una primera vez a pescar con cebo de korumé en su anzuelo. Pero sólo cayeron arunmá y wadomarí.
  10. Por segunda vez el indígena cebó su anzuelo con la langosta panasakawa. Y esta vez mordió el anzuelo una culebra de agua grandísima. Entonces la enrolló en su cesto y encima colocó los pescados pequeños. Y se fue a su casa.
  11. “Vamos a ver ahora -le dijo él a su mujer- dale esos pescados pequeños a la vieja”. “¿Pero tú no sabes que ella no quiere pescados pequeños?”, le respondió ella. “No importa -le dijo- dáselos a ver qué pasa; y nosotros vayámonos encima del cerro”.
  12. La mujer hizo conforme le había dicho su marido: le entregó el cesto a la vieja y se subió al cerro detrás de su marido.
  13. Al abrir la vieja el cesto y ver aquellos pescados pequeños, que estaban encima, comenzó a chillar diciendo como siempre: “¿Pero he dicho yo alguna vez que quiero comer pescados pequeños?”.
  14. Y diciendo esto, agarró su wopá para vaciar en él el cesto que le había traído su yerno. Y al voltearlo apareció la culebra que había pescado su yerno. La culebra se desenrolló y empezó a correr detrás de la vieja con la lengua fuera. Y la vieja corría dando gritos: “¡Ay, ay, ay …!”. Y el yerno se rió de ella a su gusto.
  15. Esa culebra se llamaba Amán. Ella se fue por el camino que iba de Aramaruk a otras casas de este lado. Su camino es lo que ahora se llama Amantepué, que es una quebrada. La culebra llegó a la laguna de Warimapai y allí trató de enrollarse, pero le resultó pequeña.
  16. La culebra siguió luego por las sabanas de Rorokekpai, atravesó el río Wairén y llegó a la laguna de Kasarapai, pero también la encontró pequeña. Por fin, llegó hasta la laguna de Karinapai y allí encontró su sitio y allí es donde vive Amán.

Notas explicativas:

  1. La intención de esta leyenda, aparte de la explicación del nombre de Amantepué, está clara contra la inconformidad de las suegras y de todos los que son demasiado exigentes en su comida.
  2. Está clara la creencia de los indígenas en interpretar los sueños como presagios o premoniciones.

Referencia Bibliográfica:

Armellada, Cesáreo de 1908-
          Tauron Panton I: (Así se dice el cuento) / Césareo de Armellada. – edición Bilingüe. – Caracas: Universidad Católica Andrés Bello; Orden de Hermanos Menores Capuchinos de Venezuela, 2013

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